Los valores del “se”

 

ACTIVIDADES:

Señala en cada caso el tipo de “se” que aparece en las siguientes oraciones:

  1. Luisa se ha puesto un sombrero nuevo.
  2. Se hacen trajes espaciales.
  3. No se lo digas a tu amigo.
  4. El pecador se arrepintió de sus pecados.
  5. Se comieron todo el queso.
  6. Los diputados se construyeron lujosas casas.
  7. Se recibirá al embajador marroquí el mes que viene.
  8. Los concejales se ocupan de la ciudad.
  9. El presidente se jactaba de su dedicación al club.
  10. Mañana se inaugura la exposición de Dalí.
  11. No se conoce la fecha de regreso.
  12. No se entra hasta que avisen.
  13. Se cansaron de andar tanto.
  14. Se oye cantar una canción.
  15. Los alumnos se quejaron al director.
  16. Se decidieron a contar su vida.
  17. La próxima semana se recibirá la orden.
  18. Se bebió tres copas de anís.
  19. Se dedicaba a sus labores.
  20. Se lo dije por la mañana.
  21. Se discute de política.
  22. María se cuida mucho.
  23. En España se lee muy poco.
  24. Se vende mucho por las tardes.
  25. Se vende una bicicleta.
  26. Se arreglan toda clase de paraguas.
  27. No se lo repitas más.
  28. Se dispuso a hacer negocios.
  29. Tus padres se alegran de tus triunfos.
  30. Juan y su novia se besan.
  31. Léeselo.
  32. Todo eso ya se conocía.
  33. María se pinta las uñas.
  34. Los niños se tiran piedras en el jardín.
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El enunciado, la oración, la proposición y la frase

ENUNCIADO

Llamamos enunciado a cada secuencia delimitada entre dos silencios, marcada por una determinada curva entonativa, y que constituye un mensaje que ofrece sentido completo en una situación dada. El enunciado es, por tanto, una unidad mínima de comunicación.

Los enunciados están constituidos de manera diversa, según las palabras que lo forman y las relaciones que se establecen entre ellas.

ORACIÓN

Llamamos oración a un tipo particular de enunciados caracterizado por la presencia de una forma verbal:

  • Si el verbo establece con el sujeto una relación predicativa basada en la concordancia de persona y número, se trata de una oración personal.
  • Si la relación predicativa no es posible, la oración es impersonal.

En la escritura, una oración se reconoce porque comienza con grafía inicial mayúscula y termina con un punto.

La oración es una unidad:

  1. semántica, con sentido completo en sí misma;
  2. fonética, con pausas orales delimitadas y marcadas; y
  3. sintácticamente independiente.

Cuando una oración incluye una o más proposiciones pasa a ser compuesta. Si no es así, se trata de una oración simple.

ORACIÓN Y PROPOSICIÓN

La proposición es un sintagma más reducido que la oración. Y por lo tanto, cualquiera que sea su estructura, estará siempre incluida en la oración.

Tanto la oración como la proposición son unidades semánticas, sintácticas y fonéticas. La diferencia estriba en que la proposición es una unidad menor y formante de la oración compuesta, ya sea por coordinación o por subordinación.

Por lo tanto, la proposición es también una unidad:

  1. semántica, sin sentido completo en sí misma o si lo tiene, por ser un miembro de la oración a que pertenece, será un sentido más restringido;
  2. fonética, sin pausas tan delimitadas, marcadas gráficamente por la coma o el punto y coma; y
  3. sintáctica, con enlaces gramaticales que la hacen dependiente de una oración principal o la relacionan con otra u otras proposiciones.

EJEMPLOS DE ORACIÓN Y PROPOSICIÓN

Oración simple: EI niño dormía en su cuna. Es una oración simple porque no incluye ninguna proposición.

Oración compuesta (por una proposición subordinada): La madre creyó que el niño dormía en su cuna. Oración compuesta en donde encontramos una proposición subordinada: que el niño dormía en su cuna. El sujeto de la oración es La madre y el predicado es creyó que el niño dormía en su cuna. El niño es el sujeto de la proposición y dormía en su cuna es el predicado de la proposición.

Oración compuesta (por dos proposiciones coordinadas): Yo friego los platos y tú barres el salón. La oración se divide en dos proposiciones que se sitúan al mismo nivel (P1: Yo friego los platos. P2: Tú barres el salón.) y que, por separado, funcionan como dos oraciones simples. Cada una posee su propio sujeto y predicado. La oración por consiguiente compuesta, no tiene sujeto ni predicado: es la suma de ambas.

ORACIÓN IMPERSONAL

En todas las oraciones encontraremos un sujeto y un predicado, pero en ocasiones puede faltar uno de esos elementos. Dicha ausencia puede deberse a que se trate de algún elemento evidente o que ya ha sido nombrado o que está presente en la situación comunicativa. Sien embargo hay casos en que aparecen  oraciones impersonales, en las que no se expresa quién realiza la acción del verbo de una forma voluntaria o, simplemente, porque no exista ese sujeto de la acción verbal. Estas oraciones pueden ser de diferentes tipos:

  1. Oraciones con el verbo en tercera persona del plural: llaman a la puerta.
  2. Oraciones en  pasiva o pasiva refleja sin complemento agente: Ayer fue acordado el alto el fuego / Ayer se acordó el alto el fuego.
  3. Oraciones activas que se construyen con SE y significan que el agente es indeterminado (equivalen a una oración personal cuyo sujeto fuese ‘uno, una’): Se respira bien aquí.
  4. Oraciones de verbo unipersonal en las cuales no existe sujeto de la acción. Encontramos dos variedades:
  • Aquellas que se construyen con verbos que significan fenómenos de la naturaleza y en las cuales la realización de la acción verbal no puede atribuirse a ningún sujeto: Ayer granizó.
  • En muchos casos, los verbos SER, ESTAR, HABER, HACER, BASTAR y SOBRAR pueden comportarse como unipersonales:  Es tarde / Hubo corrida de toros / Hace calor …

ENUNCIADOS NO ORACIONALES

Sin embargo, en el discurso, los enunciados no se presentan siempre bajo la forma oracional. Cuando los enunciados carecen de una forma verbal personal se denominan frases.

Las frases pueden estar formadas por una sola palabra (Gracias) o cualquier sintagma a excepción del verbal (Lejos de aquí) hasta por construcciones un poco más complejas (Perro ladrador, poco mordedor o Al mal tiempo, buena cara).

ACTIVIDADES:

  • Di de qué tipo es cada uno de estos enunciados. En el caso de las oraciones, explica también a qué clase pertenecen. Razona tus respuestas.
  1. Me da igual.
  2. Han tocado el timbre.
  3. Eres un tipo simpático.
  4. Jamás.
  5. La paz se firmará en la reunión de la próxima semana.
  6. Tener hijos para esto.
  7. Alberto y Luisa ya han vuelto del viaje.
  8. Muy bonito.
  9. Se ven las estrellas desde aquí.
  10. ¡Fuera de mi casa!
  11. La policía cree que todos los rehenes están vivos.
  12. Anoche hubo una lluvia de estrellas.
  13. En Abril, lluvias mil.
  14. De tal palo, tal astilla.
  15. ¡Cuánta miseria!
  16. Mi hermano ya es mayor de edad, pero mis padres no lo dejan salir hasta tarde.
  17. ¡Hasta mañana!
  18. Lloverá pronto.
  19. Nunca más.
  20. Mi novia prefiere que me compre esta camisa.
  • Separa las oraciones y proposiciones de este texto. Indica si las oraciones son simples, cuando no comprenden ninguna proposición, o compuestas, cuando tienen una o más.

Había sido seducida por Ibrahim Nasar en la plenitud de la adolescencia. La había amado en secreto varios años en los establos de la hacienda, y la llevó a servir a su casa cuando se le acabó el afecto. Divina Flor, que era hija de un marido más reciente, se sabía destina a la cama furtiva de Santiago Nasar, y esa idea le causaba una ansiedad prematura. «No ha vuelto a nacer otro hombre como ese», me dijo, gorda y mustia, y rodeada por los hijos de otros amores. «Era idéntico a su padre», le replicó Victoria Guzmán. «Un mierda». Pero no pudo eludir una ráfaga de espanto al recordar el horror de Santiago Nasar cuando ella arrancó de cuajo las entrañas de un conejo y les tiró a los perros el tripajo humeante.

Fragmento de Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez.

  • Escribe un texto de unas ciento cincuenta palabras y haz las mismas operaciones que en el ejercicio anterior.

Fuentes:

ARROYO, Carlos; BERLATO, Perla; MENDOZA, Mabel. Lengua castellana y Literatura. 1º Bachillerato. Editorial Oxford.

GONZÁLEZ-SERNA, SÁNCHEZ, José María. Aula de Letras (Materiales didácticos): http://www.auladeletras.net/material/sintaxis.PDF

MANTECÓN RAMÍREZ, Benjamín. CAUCE. Núm. 5. La oración y la proposición gramaticales: aplicación didáctica.

SANCHO RODRÍGUEZ, Alfonso. Enunciado (oración y frase): http://personal.telefonica.terra.es/web/apuntesasr/SintaxEnunc.htm

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Clasificación de las oraciones según la actitud del hablante

¿Qué es la actitud del hablante?

Imagina cualquier cosa que puedas decirle a otra persona, recuerda algo que le hayas dicho hoy a alguien. Piensa en ese mensaje que le estás transmitiendo a quien te oye. Date cuenta de que no solo le estás haciendo llegar una información determinada, sino que, al hablar, estás manifestando una posición ante lo que dices, estás dando esa información de un modo concreto; y esto añade cosas a ese mensaje, le da una forma, y hace que el oyente lo interprete de un modo u otro. Cuando hablas, tomas una actitud ante lo que dices.

Teniendo en cuenta las actitudes más usuales que puede adoptar un hablante, podemos hacer una clasificación de los tipos de oraciones que solemos utilizar.

Clasificación de las oraciones según la actitud del hablante

Hay seis tipos: enunciativas, interrogativas, exclamativas, imperativas, desiderativas y dubitativas.  Veamos las características de cada una.

Actitud enunciativa

El hablante expresa un hecho o una idea; además, el hablante nos da a entender que su mensaje es una realidad objetiva.

Por ejemplo: Tienes el pelo ardiendo.

Como podemos comprobar en el ejemplo, el verbo aparece en su modo indicativo.

A su vez, las oraciones enunciativas pueden ser de dos tipos:

  • Afirmativas: Afirman un hecho o una idea. No necesitan incluir ninguna palabra específica que las identifique como afirmativas, pero pueden contener algún adverbio de afirmación. Por ejemplo: Tienes el pelo ardiendo. / tienes el pelo ardiendo.

  • Negativas: Niegan un hecho o una idea, y lo hacen por medio de algún adverbio de negación (no, nunca, jamás…) o de los pronombres “nadie”, ninguno” y “nada”. Por ejemplo: No tienes el pelo ardiendo. / Nadie tiene el pelo ardiendo.

Actitud interrogativa

El hablante expresa una pregunta. Pero puede estar haciéndolo de una forma directa o indirecta. Y, por otro lado, puede preguntar por todo aquello que dice el enunciado o solamente por una parte. Vamos a verlo más detenidamente.

  • Oraciones interrogativas directas: Emplean signos de interrogación. Por ejemplo: ¿Tienes el pelo ardiendo?

  • Oraciones interrogativas indirectas: Se presentan por medio de los llamados verbos de lengua (decir, preguntar, etc.) Por ejemplo: Me pregunto si tienes el pelo ardiendo.

  • Oraciones interrogativas totales: El hablante pregunta por la totalidad de lo que dice, es decir, busca una respuesta afirmativa o negativa sobre lo que pregunta. Por ejemplo: ¿Tienes el pelo ardiendo? (La respuesta que se busca es “sí” o “no”).

  • Oraciones interrogativas parciales: El hablante pregunta por una parte del contenido de lo que dice, es decir, busca una información en particular acerca de su mensaje. O, dicho de otro modo, puede preguntar por el sujeto de su enunciado, o por la causa, o por el momento, etc. Para esto usa partículas interrogativas. Por ejemplo: ¿Quién tiene el pelo ardiendo? / ¿Por qué tienes el pelo ardiendo? / ¿Cuándo has tenido el pelo ardiendo?

Actitud exclamativa

El hablante transmite sentimientos y emociones (alegría, tristeza, admiración, temor, etc.) en su mensaje, con lo que consigue darle énfasis. El principal elemento gráfico que distingue estas oraciones es el uso de los signos de exclamación. Aunque también se pueden encontrar estos signos en oraciones desiderativas o imperativas para darle más énfasis a los deseos y a las órdenes. Pero esto lo veremos después en los ejemplos de cada caso. En cuanto a su pronunciación, la entonación del hablante nos indica si su actitud es exclamativa.

Por ejemplo: ¡Tienes el pelo ardiendo!

Actitud imperativa

El hablante transmite una orden o un ruego. Por eso el verbo suele aparecer en modo imperativo.

Por ejemplo: Quémate el pelo.

 Aunque también se pueden usar otras fórmulas con las que el hablante puede manifestar su actitud imperativa:

  • Deber + infinitivo: Debes quemar tu pelo.

  • Tener que + infinitivo: Tienes que quemarte el pelo.

  • Hay que + infinitivo: Hay que tener el pelo ardiendo.

  • No + infinitivo: No quemarse el pelo.

  • A + infinitivo: ¡A quemarse el pelo!

Veamos ahora otras formas de expresar órdenes o ruegos, pero que necesitan estar dentro de un contexto para comprenderlas adecuadamente como imperativas:

  • Presente de indicativo: ¡Tú te quemas el pelo ya!

  • Futuro de indicativo: ¡Te quemarás el pelo ahora mismo!

  • Presente de subjuntivo: ¡Que todo el mundo tenga el pelo ardiendo!

Actitud desiderativa

El hablante manifiesta su deseo. Puede expresarlo por medio de varias fórmulas:

  • Ojalá + subjuntivo: Ojalá tengas el pelo ardiendo.

  • Verbo de deseo en condicional: Me gustaría que tuvieras el pelo ardiendo.

  • Querer + infinitivo: Quiero quemar tu pelo.

  • Si + subjuntivo: ¡Si ardiera tu pelo!

Actitud dubitativa

El hablante expresa una duda sobre lo que dice. Para ello dispone de varias fórmulas:

  • Deber de + infinitivo: Debes de tener el pelo ardiendo.

  • Puede que + subjuntivo: Puede que tengas el pelo ardiendo.

  • Algunos adverbios y locuciones adverbiales + subjuntivo: Quizás tengas el pelo ardiendo / Tal vez tengas el pelo ardiendo.

 

Actividades:

  1. Utiliza todas las actitudes del hablante para la oración: “Eres una persona responsable”. Usa, además, para cada tipo de oración todas las fórmulas posibles que hemos visto.

  2. Di a qué clase pertenece cada una de las oraciones del siguiente texto:

Vamos a ir al cine juntos. Pero tú no quieres ver la misma película que yo. Me pregunto si me dejarás elegir a mí. Quizá a ti no te importe darme ese gusto. ¡Eres tan bueno conmigo! Yo pagaré las entradas y tú las palomitas. ¡Ojalá haya palomitas de colores! Puede que sí. Y quiero beber un refresco muy grande. Pásate por mi casa a las ocho. ¿Te parece bien? Espera un momento. ¿Cuándo empieza la película? Tal vez sea mejor que vengas a las siete. Sí, es lo mejor. Vendrás a esa hora y saldremos de aquí. Me gustaría llegar a tiempo para conseguir un buen asiento. ¡Qué bien! Nada va a salir mal. Cállate un momento. ¡No me lo creo! Debo de estar loco para no haberme dado cuenta antes. Hoy los cines están cerrados. ¡Tenemos que buscar una solución! Hay que encontrar una buena  alternativa para salir esta noche.

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Generación del 27

¿Qué es la Generación del 27?

Así se les llama a un grupo de artistas que mantuvieron una estrecha relación personal y cultural en los años anteriores a la Guerra Civil (1936-1939) en España. El principal punto de encuentro de todos ellos fue la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde algunos vivieron durante un tiempo y otros acudieron con frecuencia para participar en actividades culturales. Asimismo, sus colaboraciones en las revistas literarias de la época funcionaron como otro punto de unión.

Los integrantes más importantes son los siguientes escritores:

  • Federico García Lorca (1898 – 1936)
  • Luis Cernuda (1902 – 1963)
  • Rafael Alberti (1902 – 1999)
  • Vicente Aleixandre (1898 – 1985)
  • Dámaso Alonso (1898 – 1990)
  • Pedro Salinas (1892 – 1951)
  • Gerardo Diego (1896 – 1987)
  • Manuel Altolaguirre (1905 – 1959)
  • Jorge Guillén (1893 – 1984)

Pero también hay otros artistas que se encuentran estrechamente relacionados con esta generación literaria gracias a la Residencia de Estudiantes; por ejemplo, el cineasta Luis Buñuel o el pintor Salvador Dalí.

La fecha del “27” que da nombre a esta generación hace referencia a un acto de homenaje realizado en 1927 para conmemorar el tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora.

Pero, ¿es la Generación del 27 realmente una generación literaria?

El concepto de “generación literaria” es fruto de Julius Petersen. Según este crítico alemán, los requisitos que han de darse para que podamos hablar de una generación literaria son los siguientes:

  • Nacimiento en años poco distantes
  • Formación intelectual semejante
  • Relaciones personales entre ellos
  • Participación en actos colectivos propios
  • Existencia de un “acontecimiento generacional” que aglutine sus voluntades
  • Presencia de un “guía”
  • Rasgos comunes de estilo (“lenguaje generacional”)
  • Anquilosamiento de la generación anterior

 Si bien sus nacimientos nos distan más de quince años, otros autores nacidos en esas mismas fechas nunca han sido incluidos en el grupo. Muchos de ellos tienen una formación universitaria y ejercieron de profesores, pero no todos. Tampoco se puede hablar de la presencia de un guía dentro de la generación, aunque este rol puede atribuírsele a Juan Ramón Jiménez, mucho mayor que ellos y perteneciente a una época literaria anterior. Y, por supuesto, no se puede hablar de un “lenguaje generacional”, pues cada uno labró su propio estilo aunque hubiera tendencias en las que algunos de ellos a veces confluían. Por otro lado, el acontecimiento generacional más destacable es la Guerra Civil, que en lugar de aglutinar al grupo lo deshace. A pesar de lo dicho, entre ellos existía una clara conciencia de grupo nacida de la amistad y de las experiencias comunes, además de actos colectivos como el homenaje a Góngora. Por todo esto, la Generación del 27 no debería entenderse como tal sino como un grupo, el Grupo del 27.

Corrientes literarias de la Generación del 27

El rasgo que mejor define al conjunto de poetas del 27 es la capacidad de aunar la tradición y las nuevas tendencias poéticas. Pero no podemos hablar, de ningún modo, de que exista un movimiento literario que pueda enmarcar las obras de todos estos autores. No solo encontramos importantes diferencias estilísticas entre ellos, sino que cada uno pasa por diferentes etapas literarias a lo largo de su obra. Esto complica un poco la intención de clasificar la producción poética de la Generación del 27 dentro de las distintas corrientes literarias. Hay varias maneras de hacerlo, según las categorías que decidamos utilizar. Yo me inclinaría por la siguiente forma:

Poesía popular o tradicional

Algunos poetas del 27 sienten un especial interés por las formas poéticas populares, especialmente por el romancero tradicional. Para entender esto, recordemos que la Generación del 27 homenajeó a Luis de Góngora y reivindicó su importancia dentro de la literatura española. Góngora fue uno de los autores del Barroco que recuperó el romancero para darle un nuevo sentido. Y es esto, precisamente, lo que quieren volver a hacer los del 27.

Los romances son poemas medievales que, en su mayoría, narran pequeñas historias en verso. Los cantaban los juglares para un público que era analfabeto, por lo tanto su transmisión era oral. Se trata de una serie indefinida de versos octosílabos donde los versos pares tienen rima asonante y los impares quedan sueltos.

Cuando los poetas de la Generación del 27 utilizan el romance pretenden aprovechar las cualidades de esta estrofa adecuándola a su contexto. La sensación de oralidad de estos poemas se debe a que el castellano tiende, por regla general, a construir oraciones octosílabas cuando se habla. Esto, además del uso de repeticiones y estribillos, le da ritmo y agilidad al poema. Por otra parte, en ocasiones se introducen fragmentos dialógicos dentro del poema para dramatizar la historia que esté contando.

Veamos un claro ejemplo de estas características a cargo de Federico García Lorca:

ROMANCE SONÁMBULO, de Romancero Gitano (1927)

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser, con
las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna por
donde retumba el agua.

*

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

*

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

*

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde cama, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montana.

En este vídeo, una actriz recita el “Romance sonámbulo” (date cuenta de que el principio y el final de este vídeo no pertenecen al poema) y podemos ver con facilidad cómo el poema consigue su ritmo gracias a sus estribillos, a la métrica y a la rima. Por otra parte, los diálogos dentro del texto resultan más evidentes gracias a la dramatización de la actriz:

Poesía pura

La influencia de la “poesía pura” se debe a Juan Ramón Jiménez como referente inmediatamente anterior a la Generación del 27. Esta tendencia poética aparece en la segunda etapa de la obra de Juan Ramón Jiménez, que él mismo bautiza como etapa intelectual.

Este tipo de poesía busca alcanzar la esencia de las cosas y que permanece eterno e inmutable. Jorge Guillén lo explicó diciendo que “poesía pura es todo lo que permanece en el poema, después de haber eliminado todo lo que no es poesía”.

Las características más importantes de esta corriente podrían ser las siguientes:

  • Marcada ausencia de lo narrativo. Búsqueda de lo que se considera esencial de la realidad.
  • Consideración del poema como algo autónomo, cerrado y autosuficiente, como si en el poema se encerrase la auténtica realidad.
  • Gusto por la palabra exacta, desnuda y limpia, sin acumulación de adjetivos ni adornos retóricos.
  • Predominio del estilo nominal, lo que acentúa la percepción de estatismo e inactividad.
  • Empleo frecuente de expresiones exclamativas e interrogativas que transmiten el asombro del poeta frente al conocimiento del mundo.
  • Preferencia por el verso corto y las estrofas con medida. La décima es la más usual (estrofa constituida por diez versos octosílabos: 8a 8b 8b 8a 8a 8c 8c 8d 8d 8c).

Vamos a ver un ejemplo de Juan Ramón Jiménez, como precursor de la poesía pura, y otro de Jorge Guillén, como autor de la Generación del 27:

INTELIGENCIA, DAME… de Eternidades (1918). Juan Ramón Jiménez.

Inteligencia, dame
el nombre exacto de las cosas!

Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

BEATO SILLÓN, de Cántico (1928). Jorge Guillén.

¡Beato sillón! La casa
corrobora su presencia
con la vaga intermitencia
de su invocación en masa
a la memoria. No pasa
nada. Los ojos no ven,
saben. El mundo está bien
hecho. El instante lo exalta
a la marea, de tan alta,
de tan alta, sin vaivén.


Poesía vanguardista

A principios de siglo, después de la 1ª Guerra Mundial, proliferan diversos movimientos artísticos que pretendían una renovación de los cánones del arte. La intención general era la de romper con el pasado, la de innovar para llevar el arte hacia el límite de sus posibilidades. A estas corrientes se les llamó “vanguardias”. El significado etimológico de esta palabra aclara mucho lo que son estas corrientes. Para explicarlo usaremos el siguiente ejemplo: cuando un ejército militar se mueve, siempre hay un pequeño grupo de soldados que van adelantados, es decir, por delante de la guardia, estos son la vanguardia. Además, estos soldados tienen la misión de abrir el camino a lo que viene detrás, ellos son el punto al que llegará el ejército tiempo después, ellos son la avanzadilla. Esa misma idea es la que define a las vanguardias en el ámbito artístico.

Las llamadas  vanguardias históricas, las que aparecieron en los años posteriores a la 1ª G.M., se dieron más o menos en la misma época, solapándose unas con otras y favoreciendo la relación entre los integrantes de unas y de otras. París fue el foco más importante para la creación de estas vanguardias, aunque hubo otros puntos de referencia.

Repasemos las vanguardias más importantes:

  • Dadaísmo (1916): busca una obra artística carente de reglas, valorando, de este modo, el azar y el absurdo.  Se fundó en Zurich. Su máximo precursor fue Tristan Tzara.
  • Surrealismo (1924): busca la participación del inconsciente en la obra de arte. Según el primer Manifiesto Surrealista, se trata de: “Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”. Se fundó en París. Su máximo precursor fue André Breton.
  • Futurismo (1909): Es anterior a la 1ª G. M. Busca captar la sensación de movimiento y de la velocidad del progreso. Se hacen frecuentes referencias a las máquinas. Se fundó en Milán, pero el primer manifiesto se publicó en París. Su máximo precursor fue Filippo Tomaso Marinetti.
  • Creacionismo (1918): busca crear una realidad que solo pueda ocurrir dentro de la poesía. Es decir, el poeta no pretende imitar a la Naturaleza, sino que su creación exista exclusivamente dentro del poema y no se refiera a la realidad exterior. Se fundó en París. Su máximo precursor fue el chileno Vicente Huidobro.
  • Ultraísmo (1919): busca reducir la poesía a su elemento primordial: la metáfora. De este modo, se desembaraza de la inutilidad de muchos nexos, adjetivos, etc. Se fundó en Madrid. Sus principales precursores en España fueron Rafael Cansinos Assens y Guillermo de Torre. Pero es importante señalar que el argentino Jorge Luis Borges exportó esta vanguardia a Hispanoamérica añadiéndole algunas características nuevas.

De todas estas vanguardias, las que mayor influencia tuvieron en la Generación del 27 son el Creacionismo, el Ultraísmo y, sobre todo, el Surrealismo. En todas las vanguardias, al menos en la inmensa mayoría de los casos, se usa el verso libre (versos sin una métrica preestablecida) y el verso en blanco (sin rima).

Veamos un ejemplo del uso del surrealismo en un poema de Federico García Lorca:

GRITO HACIA ROMA (DESDE LA TORRE DEL CHRYSLER BUILDING), de Poeta en Nueva York (1929-1930)

Manzanas levemente heridas
por los finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

Cuentan las malas lenguas que Salvador Dalí y Luis Buñuel se reían de Federico García Lorca por su afición a la poesía popular española; cuentan que el título del cortometraje surrealista que hicieron juntos, Un perro andaluz, hace referencia a Lorca; cuentan que Lorca, durante su estancia en Estados Unidos, escribió Poeta en Nueva York para demostrarles que él dominaba el surrealismo tan bien como ellos. ¿Qué pensáis vosotros?

Poesía neorromántica

El tratamiento del tema del amor en la Generación del 27 está inspirado en la obra del poeta del siglo XIX Gustavo Adolfo Bécquer, perteneciente al llamado Romanticismo tardío español. Por lo tanto, las características de la poesía romántica pueden aparecer en esta nueva tendencia.

Esta corriente indaga, ante todo, en la temática del amor en todas sus fases. El poeta expresa su propia experiencia amorosa, ya sea desde un enfoque doloroso como alegre. Se idealiza a la persona amada.

SI…, de Los placeres prohibidos (1931)

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

He comentado al principio que la Generación del 27 se disolvió con el comienzo de la Guerra Civil. Federico García Lorca fue asesinado por la guardia civil durante la guerra, y otros poetas abandonaron España por razones políticas. Ya no podemos hablar de “grupo poético”, cada uno siguió su camino. A partir de este momento, algunos adoptaron una nueva corriente, la poesía social. Pero esto lo dejamos para otro momento, porque la Generación del 27 tiene aquí su fin.

Actividades:

  1. Lee atentamente los poemas de los poetas del 27 que aparecen en este tema y razona por qué pertenecen a la corriente literaria donde están colocados (recuerda que también aparece un poema de Juan Ramón Jiménez, y este no pertenece a la Generación del 27).
  2. Busca un poema de la Generación del 27 que sirva como ejemplo de cada una de las corrientes que hemos visto.

(Gracias a la web materialesdelengua.org por haberme servido como recurso para configurar este tema.)

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